Testimonio:Experiencia “234″ 2011
Cuando me pidieron realizar este testimonio sobre los pasados trabajos de invierno de la CVX Secundaria, llamados “234” por la unión de las generaciones de segundos, terceros y cuartos medios, quise remarcar las diversas situaciones que siguen siendo sonido dentro de mi vida, nacidas producto de esta experiencia que escogí vivir el mes pasado.
Primero, quiero hacer una pequeña contextualización de los trabajos. Ellos se desarrollaron en la comuna de Peñalolén, desde el domingo 10 hasta el sábado 16 de julio. Durante la semana, vivimos en la Escuela Juan Bautista Pastene junto a las otras 2 generaciones. Los segundos y terceros medios se agruparon en cuadrillas de trabajo, las cuales llevaron a cabo diversas tareas; los de segundo forraron mediaguas y los de terceros hicimos colonias, visitamos centros de residencia para ancianos y otros ayudaron en la construcción de mediaguas. Por su parte, la generación de cuartos medios realizó misiones en las casas de la zona, agrupándose en pareja.
Junto a mi cuadrilla de trabajo, me tocó construir una mediagua a la tía Andrea. Con ella pudimos interiorizarnos de su realidad y comprender la de muchas otras familias del sector. Así fui teniendo conocimiento de las cosas a las que el hombre es llamado por Dios a realizar; trabajar duro por los demás necesitados, dejando de lado aquellas actividades que tengan un carácter personal y egoísta, para así construir el Reino de Dios.
Me dio alegría lo que logramos entregar a esas humildes familias trabajando unidos, tanto junto a mi grupo de trabajo como con los demás cevequianos partícipes de esta experiencia de las vacaciones de invierno 2011.
Como cevequianos hemos sido llamados a compartir la vida con los demás. Debemos ser hombres de acción, que no podemos quedarnos de brazos cruzados ante las injusticias presentes en nuestra sociedad. Como dijo el General de la Compañía de Jesús en su estadía en Chile: “Debemos morir totalmente para poder vivir llenamente por los otros”. Esta frase se me vino a la cabeza durante el transcurso de la semana de trabajos cuando sentía el cansancio producto de las últimas semanas de clases. Llegué a impresionarme y a comprender otro mensaje del Padre Adolfo Nicolás SJ: “tenemos que dar vida y dar la vida”.
Finalmente, luego de haber vivido “234” el año pasado y el actual, me tomo la libertad de invitar a los cevequianos a ser hombres para los demás, en cada lugar en que podamos actuar, y no esperar que actúen por nosotros. En esta experiencia, fuimos constructores de una gran obra liderada por Dios.
Javier Cifuentes S.
Alumno Tercero Medio
Colegio San Ignacio El Bosque








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