Oración

La oración…

Para orar hay tantas maneras como personas. El hecho de poder entrar en relación personal con Dios es un don del Espíritu. Por lo tanto, los métodos o maneras no agotan ni pueden limitar la acción de Dios, pero sí son ayudas, y como tales hay que tomarlas.

Ofrecemos a continuación diversas maneras que propone San Ignacio en el libro de los Ejercicios Espirituales, adaptándolas y traduciéndolas a nuestro tiempo. Por eso no son presentadas literalmente, pero intentan ser fieles a la pedagogía ignaciana.

Actitudes fundamentales

Como todo encuentro que uno tiene en la vida, éste necesita ser ajustado siempre a ciertas disposiciones especiales ajustadas con respecto a la persona con la que voy a encontrarme. Si nos encontramos con nuestro mejor amigo o amiga, probablemente adoptemos una serie de códigos o formas que compartimos en común, pero si nos encontramos con una persona diferente, también nos dispondremos de otra forma. El encuentro con Dios necesita y desea ser un encuentre especial, íntimo, de mucha apertura y cercanía. Cada uno de nosotros tiene distintas maneras de “conversar” y compartir con Dios. Es por esto que aquí te presentamos algunas actitudes y disposiciones fundamentales que pueden ayudar en tu oración.

Ayudas para la Oración

1. Preparar el material necesario:
Aquí será coger una lista o un texto sencillo que exprese actitudes fundamentales cristianas. Citemos algunos ejemplos: las Bienaventuranzas, los Diez Mandamientos, un texto preparatorio de una liturgia penitencial, cualquier texto antiguo o moderno el cual nos ayuda a poner lo que deseamos en la oración.

2. Oración preparatoria:
Pedir a Dios luz para comprender el mensaje que se me dirige y fuerza para cambiar en mi corazón y en mi vida aquello que me aleja de Jesús. Este es momento en donde nosotros formulamos nuestra petición o gracia a recibir, que necesitamos que Dios nos regale, para poder mirar nuestra vida con verdad y reconocer la buena noticia que se me quiere regalar. Ej: Señor quiero pedirte la gracia de poder mirar la vida de los demás y la propia, como Tú lo haces, con ternura, comprensión y gratitud.

 

La oración Ignaciana

San Ignacio en sus Ejercicios Espirituales presente una serie de maneras que desean ayudarnos a orar y encontrarnos con Dios. Aquí te presentamos algunas de las más comunes y cercanas que pueden ser útiles para ti, en las cuales te indicamos un ejemplo de cómo hacerlo desde su preparación, hasta su examen, (como modo de revisión de la oración y el paso de Dios en ésta).

A · ORAR CON LA PALABRA DE DIOS

Orar es dialogar con Dios, pero para conversar con él necesitamos escucharlo. Dios nos habla de manera especial a través de su palabra. Es escuchándolo como recibimos su amor misericordioso, su llamado a vivir cerca de él y su invitación a colaborar en la misión de Jesús. Su palabra nos da a conocer su forma de mirar y actuar en la realidad, y nos ayuda a descubrir el sentido de nuestra vida en medio de ésta.

Tranquilizarse, relajarse.Se puede hacer escuchando música suave, fijando la vista en un objeto de la habitación, mirando por la ventana, sintiendo los latidos del corazón, leyendo un poema, paseando, etc. A medida que el espíritu se va calmando, ir pensando tranquilamente qué voy a hacer, el Señor me espera, etc. Preparar el material necesario: es muy sencillo. Simplemente se trata de tener presente (de memoria o bien escrita delante) una oración hecha. Por ejemplo, el Padrenuestro, el Avemaría, un Salmo, la letra de un canto, o cualquier oración antigua o moderna. Oración preparatoria: Una oración breve y sencilla dirigida a aquel a quien se quiere dedicar este momento. Por ejemplo, si la oración escogida es el Padrenuestro, al Padre.

Oración

Cerrando los ojos o bien mirando un objeto fijamente, empezar con la primera palabra de la oración escogida. Por ejemplo, “Padre”. Considerar esta palabra el tiempo que haga falta, dejarse llevar por todo aquello que va evocando en mí interior (significados, comparaciones, recuerdos, sentimientos…). ¿Qué significa para mi ser hijo de Dios? ¡Qué cercano lo siento! Una vez terminado esto, continuar: “Nuestro”, también de los demás, ¿Me siento realmente hermano de los demás?, etc.

No hay que tener prisa. Cuando encuentres una palabra que te interpela, quédate en ella, y cuando acabes continúa con la siguiente. Si terminas una oración y quieres seguir, coge otra. Piensa que si no has sentido nada especial has pasado aquel rato orando con toda la Iglesia ¡que dice y ha dicho tantas veces esta oración!

Ir terminando queriéndose identificar con la persona a quien se ha dirigido la oración.

Examen

Ver si he hecho bien la preparación. Recordar qué actitud ha brotado más espontáneamente en este tiempo: acción de gracias, alabanza, petición, arrepentimiento… ¡y dar gracias a Dios por ella!

 

B · MEDITACIÓN

La meditación es un estilo de oración que pretende poner a toda la persona en relación con Dios profundizando en algún pasaje evangélico o en algún tema de la fe. Cuando San Ignacio se refiere a toda la persona nos habla de tres dimensiones que la totalizan: la memoria (recuerdos, sentimientos…), el entendimiento (inteligencia, lógica, comprensión) y la voluntad (capacidad de decisión, de entrega, de afecto…). Es toda la persona la que recibe la luz de Dios. Si sólo fuera una parte, quedaría dividida.

Preparación:
Si es en el contexto de los Ejercicios Espirituales, el tema ya viene dado. Pero cuando la meditación se hace fuera de los Ejercicios hay que prepararlo personalmente. Los pasos a seguir son:

Preparar los puntos a meditar:
Escoger un fragmento del Antiguo o el Nuevo Testamento, o bien un texto inspirador antiguo o moderno. Podría ser: los textos de la Eucaristía (por ejemplo, antes de participar es excelente hacer una oración de meditación sobre los textos de aquel día), una plegaria eucarística (ofrecerse al Padre con Jesús), un tema ya visto en algún retiro, etc. Es importante determinar qué tema será objeto de meditación. Relajarse, tranquilizarse, considerando qué se va a hacer. Es posible que ya lo hayas conseguido en la preparación de los puntos.

Oración preparatoria:
Expresar una breve oración en la que se desee, y por lo tanto se pida, que toda la persona se oriente hacia Dios. San Ignacio nos propone una muy sencilla que dice así: «que todos mis pensamientos, acciones y operaciones estén encaminadas únicamente al servicio y alabanza de Dios». En los Ejercicios Espirituales esta oración se completa con una petición en la que se pide obtener lo que se pretende en aquel tema.

Composición viendo el lugar:
Es un sencillo ejercicio que ayuda a fijar la imaginación para que no haya distracciones inútiles y ayuda a la persona a entrar totalmente en el tema. Consiste en ver con los ojos de la imaginación el lugar donde se realiza la acción que se quiere meditar. Es muy apropiado cuando el tema es un texto evangélico.

Oración

Se recomienda empezar por la memoria, recordando qué relación tiene esa realidad de fe con mi propia historia. Por ejemplo, si se medita sobre el pecado, cuál es mi historia de colaboración con el mal, dónde, cuándo… Luego ir dando entrada al entendimiento, el por qué yo he actuado así, considerar cómo esto va destrozando mi relación con los demás y con Dios, y lentamente ir pasando a la voluntad, mi afecto, sentir cómo Dios, a pesar de todo, me quiere, y cómo debo situarme yo, etc.

No obstante, esto no es meramente una reflexión o un monólogo, sino una oración. Por eso hay que ir pasando a un diálogo con Jesús o el Padre. San Ignacio lo llama coloquio. Te sitúas cara a cara con Dios, como un amigo habla con un amigo, o un hijo con su padre o su madre, o una esposa con su esposo…

Examen

¿Cómo ha ido la preparación? ¿Qué he sentido con más fuerza durante la oración? ¿Dónde he encontrado más dificultad y por qué? Acabar con una acción de gracias por este tiempo de oración. Vale la pena tomar alguna nota, o bien redactar la oración final, expresando lo que más se ha vivido.

 

C · CONTEMPLACIÓN

La contemplación es una forma de orar que ayuda a entrar de una manera intuitiva e imaginativa en un determinado texto. Es una manera muy apropiada para conocer por dentro lo que se quiere contemplar.

Preparación:
Preparar los puntos a contemplar: Ordinariamente es un texto del Evangelio en el que haya acción. No es tan frecuente en el caso de discursos, parábolas, etc. Por esto, lo que se debe hacer aquí es seleccionar un texto de acción del Evangelio. Por ejemplo, un milagro, un diálogo, etc. Relajarse, tranquilizarse, considerando qué se va a hacer. Es posible que ya lo hayas conseguido en la preparación de los puntos.

Oración preparatoria:
Pedir el conocimiento profundo de Jesús. Consiste en el conocimiento que puede tenerse de un amigo con el que te relacionas a través de la convivencia diaria. San Ignacio nos propone una oración que pide: «conocimiento interno de Jesús que por mí se ha hecho hombre, para que más le ame y le siga».

Composición viendo el lugar:
Imaginarse en el lugar donde se realiza la acción. Por ejemplo, los caminos por los que pasaba Jesús, la gente, los detalles geográficos o humanos, etc.

Oración

Ver a las personas, como si presente me hallase. Escuchar lo que dicen, mirar lo que hacen, ofrecerse a colaborar con sencillez. Por ejemplo, si Jesús está ayudando a alguien, participar del trabajo que realiza, sin protagonismo. Y siempre ir pensando qué relación tiene esto con mi vida. Contemplar y aplicar.

Terminar haciendo un diálogo, un coloquio, con el Padre, o con Jesús, o con el Espíritu Santo, o con María… ofreciéndome, hablando como con un amigo sobre la acción de Jesús, lo que debo hacer yo, etc.

Examen

¿Cómo ha ido la preparación? ¿Qué sentimientos se han repetido más? ¿Qué ha salido más en el coloquio? ¿Qué aspecto de mi vida queda más afectado? Conviene tomar alguna nota y redactar una sencilla oración que exprese mi estado interior.

 

D · APLICACIÓN DE LOS SENTIDOS

Esta manera de orar ayuda a la contemplación. No se sirve únicamente de la imaginación sino también de los sentidos, y así pone en situación de oración a toda la persona. Consiste, pues, en aplicarlos: ¿Cuáles son los sentidos? Vista, oído, olfato, gusto y tacto. Veámoslo más despacio:

Preparación:
Tranquilizarse, relajarse. Se puede hacer escuchando música suave, fijando la vista en un objeto de la habitación, mirando por la ventana, sintiendo los latidos del corazón, leyendo un poema, etc. A medida que el espíritu se va calmando ir pensando qué voy a hacer, el Señor me espera, etc.

Preparar el material necesario:
Coger un texto del Evangelio. Mejor si es un texto conocido del que ya se ha hecho contemplación.

Oración preparatoria:
Pedir a Dios que toda mi vida se oriente hacia Jesús que es camino, verdad y vida.

Oración

Leer todo el texto sin prisa y con tranquilidad. Imaginarse la escena como si yo estuviera presente. E ir aplicando los sentidos a lo que estoy contemplando:

Ver a las personas y paisajes con la vista de la imaginación. Meditar y contemplar lo que estoy viendo. Sacar algún provecho de todo ello.

Escuchar lo que dicen o pueden decir. Tras haber escuchado un rato, dejar que las palabras penetren en mi interior.

Oler y gustar la profundidad de aquella escena. Piensa que son sentidos del espíritu. A veces lo hacemos cuando decimos: «me huelo que telefoneará», o bien «esto me ha dejado un buen sabor de boca». También recordar aquellos olores que me gustan o no. ¡Quién no recuerda el olor de la tierra tras la lluvia! Preguntarse qué sabor de boca me va dejando el hecho de estar contemplando la vida de Dios.

Tocar con las manos, abrazar, besar, los sitios que Jesús pisa y toca. ¡Y por qué no, dar la mano, abrazar o besar a Jesús o a alguno de los personajes que estoy contemplando!

Examen

¿Qué sentimiento o actitud me ha impactado más? ¿Qué actitud de mi vida ha quedado conmovida? ¿Qué sentido he podido aplicar con más facilidad y cual me ha costado más? ¿Cómo ha ido la preparación? Y por todo ello dar gracias.

 

La Pausa Diaria

1.- Agradecer

Recorro este día y traigo a la memoria los sentimientos y experiencias vividas. Doy gracias a Dios por las personas con que me he encontrado y por lo que he aprendido. Y agradezco al Señor por su amistad y cercanía en el día de hoy.

2 · Pedir perdón y perdonar
Delante del Señor, pido perdón por mis faltas, omisiones y actitudes incoherentes. Por quedarme a mitad de camino y por aquellas personas que ofendí. Me dispongo a perdonar a quienes me han dañado. Acojo el perdón que Jesús me regala. Agradezco al Señor por quererme y aceptarme tal cual soy, regalandome siempre su amistad y cercanía en el día de hoy.

3 · Pedir la Gracia
Le pido a Dios que me ayude a reconocer lo que necesito, para así poder acoger su voluntad para el día siguiente, para más amar y servir, con lo que soy y lo que tengo. Termino ofreciendo mi vida con confianza diciendo: Tomad Señor y Recibid.

 

Algunas oraciones que te pueden ayudar…

 

ALMA DE CRISTO

Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
Oh, buen Jesús, óyeme.
Dentro de tus heridas, escóndeme.
No permitas que me separe de ti.
Del enemigo maligno, defiéndeme.
En la hora de la muerte, llámame.
Y haz que vaya hacia ti para que con tus santos te alabe por los siglos de los siglos.

Amén. (Oración inicial de los Ejercicios Espirituales)

ETERNO SEÑOR

Eterno Señor de todas las cosas,
yo hago mi oblación con vuestro favor y ayuda,
delante vuestra infinita bondad,
y delante vuestra Madre gloriosa y de todos los santos y santas de la corte celestial,
que yo quiero y deseo y es mi determinación deliberada,
sólo que sea vuestro mayor servicio y alabanza,
de imitaros en pasar todas injurias y todo vituperio y toda pobreza,
así actual como espiritual,
queriéndome vuestra santísima majestad elegir y recibir en tal vida y estado. (EE 98)

TOMAD SEÑOR, Y RECIBID

Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria,
mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer,
Vos me lo disteis, a Vos, Señor, lo torno.
Todo es vuestro. Disponed conforme a vuestra voluntad,
dadme vuestro amor y gracia que ésta me basta. (EE 234)